Ahora que llega el buen tiempo, es el momento de volver a lanzarse a las calles y acercarse a cualquiera de los bares o tabernas que forman parte del encanto y del gusto por el buen vivir de Madrid.
El “tapeo”, tradición elevada a arte culinario, ofrece en la ciudad un abanico de posibilidades para todos los gustos, desde tabernas centenarias, pasando por bares más funcionales y económicos, hasta locales vanguardistas en los que no faltan curiosas tapas de autor.
Los orígenes de la tapa se remontan a los tiempos de Alfonso X El Sabio; en una ocasión en la que cayó enfermo, por prescripción médica, debía comer en pocas cantidades entre horas acompañado de sorbos de vino. Después de su convalecencia dispuso que en las tabernas de Castilla se sirvieran pequeñas raciones de comida para acompañar los tragos de vino, ya que él mismo había podido comprobar que el vino acompañado del “picoteo” sentaba mejor.
Su nombre procede de que originariamente, la tapa se depositaba sobre la
boca del vaso o jarra, “tapando” de esta manera el recipiente. Esto servía para acompañar la bebida y evitar que algún insecto curioso entrase en el vaso. En sus orígenes la tapa consistía en una loncha de jamón o en rodajas de chorizo o cualquier otro embutido.
Hoy en día, ir de tapas es una costumbre muy arraigada y una excusa perfecta para probar pequeñas cantidades de diversas variedades gastronómicas. Podemos deleitarnos con sabores clásicos, como morcilla, pulpo, o chorizo y con nuevas improvisaciones de autor en locales modernistas.
A continuación se propone un paseo por bares y tabernas de la ciudad, algunos de ellos clásicos y otros de ellos innovadores.
El Almendro (C/Almendro, 13). Un clásico en el barrio de La Latina con suculentas tapas también clásicas. Establecimiento acogedor y bien decorado suele ser un hervidero de gente, sobre todo en fin de semana. La comida se pide en una barra y las bebidas en otra diferente, una vez que el pedido está listo se anuncia con el repique de una campana. Entre sus especialidades destacan los “almendritos” (mini bocadillos), las roscas rellenas de pringá y los huevos estrellados.
Hevia (Serrano, 118). Local inaugurado hace 30 años que ofrece una gran calidad en todas sus tapas y por lo tanto es un clásico en el barrio de Salamanca. Catorce mesas en marquesinas iluminadas por farolas hacen de su decoración un lugar íntimo y agradable. Destaca su foie en salsa de Oporto y uvas, las sopas de ajo y el caviar beluga. Su bodega es amplia, con referencias nacionales e internacionales (Australia, Chile, Sudáfrica, etc.). También dispone de una tienda donde poder adquirir diversos artículos de delicatessen, como conservas, whiskys, pastelería, trufas negras o beluga iraní.
Estay (Hermosilla, 46). Situado en pleno barrio de Salamanca, ofrece exquisitos pinchos de nueva cocina vasca entre los que destacan los pimientos rellenos, la brandada de bacalao, el bacalao braseado, el lenguado relleno de verdura y la tartaleta de txangurro.
Taberna del Sumiller (Víctor de la Serna, 37). Cuidada selección de vinos por copas y tapas de compleja elaboración de cocina vasco-mediterránea. Como recomendación los pimientos rellenos de rabo de toro, los callos, los chipirones encebollados, la morcilla casera con puré de manzana, el foie de pato a la plancha al Pedro Ximénez, los chipirones con salsa de tariyaki (setas chinas con jengibre) y el crujiente de arroz. Amplia y variada carta de vinos.
Handicap (General Oraá 56). Pequeño local con tan solo ocho mesas que
ofrece muy probablemente las pulgas más sabrosas de la ciudad, destacando la de escabeche con pisto y la de huevos con patatas.
Jurucha (Ayala, 19). Este típico bar, algo cutre bien entendido, es todo un clásico en su especialidad las croquetas y la tortilla. En su barra, a la que no puedes dejara de mirar, ofrece todo tipo de pintxos al estilo vasco.
Txoko – Casa Vasca (Jovellanos, 3). Este bar-restaurante se encuadra, con todo merecimiento, en la “Ruta de la Croqueta” de la ciudad. Pero no son solo sus croquetas, lo único que lo adorna, porque este es un bar de pinchos, en la mas pura línea vasca, en el que toda la barra esta llena de exquisiteces, como pimientos de piquillo rellenos de bacalao, cebollas rellenas de jamón, o morcilla con Manzana Asada. Tratándose de un vasco lo recomendable es regar todo esto con Txakolí.
El Miajón de los Castúos (Infanta Mercedes, 56). Sin lugar a dudas uno de los mejores representantes de los productos de Extremadura en Madrid. Presentando en su barra o en mostrador frigorífico, excelentes chacinas de cerdo ibérico y excelsos quesos extremeños. Para picar, tenemos los típicos “castúos” de jamón, lomo, queso, patatera y los “miajones” de alguna cosa más. Para beber, cervezas y vinos extremeños. Y para comprar, desde libros hasta legumbres y dulces de buena calidad.
Ambiente moderno e innovador
Bibendum (Cava Alta, 13). Local de ambiente rústico en el que podremos encontrar, como eje de su decoración, al muñeco de Michelín, del cual toma su nombre. Su carta de vinos cuenta con unas 50 referencias de casi todas las denominaciones de origen españolas. Sus tapas son modernas, innovando con nuevos sabores y combinaciones, como por ejemplo la lasaña de boquerones, los bibendums (tempura de verduras con chopitos), el risotto de zanahoria y foie, las sardinas asadas sobre mermelada de tomate, la ensalada templada de pulpo o el magret de pato sobre base de polenta.
Biotza (Claudio Coello, 27). Una parada en el barrio de Salamanca en este local de larga barra corrida con taburetes y un gran mostrador que sirve de escaparate para una gran variedad de pinchos inspirados en la nueva cocina de miniatura vasca. Destacan como especialidades la ensalada de cogollos con pisto y huevo escalfado, el lomo de mero con crema de queso y zanahoria, las patatas de carlota o el solomillo con mojo.
Paulino de Quevedo (Jordán, 7). Muy cerca de la Plaza de Olavide encontramos una decoración impactante, con lámparas de diseño, mosaicos al estilo Gaudí, taburetes tapizados en blanco, mesas altas, suelo rústico y muros en azul intenso. Al entrar nos encontramos con la zona de tapas, y justo al fondo, con el gran restaurante. Su carta tiene una amplia variedad de tapas, tanto clásicas, como callos, morcilla, foie, carrillada, como modernas, como la tartaleta de gambas y crema de puerros, las croquetas de arroz y setas con puré de pera, las anchoas con gelatina de tomate y lascas de queso manchego. Presenta una excelente y variada carta de vinos.
Lateral (Paseo Castellana, 122). Frente al “centro financiero de Madrid”, encontramos un ambiente de diseño donde degustar tapas, donde destacan el solomillo con cebolla confitada, las croquetas de gambas y, la ensalada de queso de cabra. Muy buena selección de vinos. Tras el éxito del primero han abierto dos nuevos “laterales” en el Mercado de Fuencarral y Velázquez.

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